El amor es nuestro ser

El amor es nuestro ser. Ser es existir, así que el amor es existir. Tu estado esencial es amor. Lo que lo que lo distorsiona es que buscamos el amor fuera sin darnos cuenta de que el amor que experimentamos fuera es un reflejo del amor que tenemos por nuestro ser más profundo. Cuando digo “ser más profundo” no me refiero a tu ego, que no es lo que tú eres. El ego es una alucinación socialmente inducida. Me refiero a tu alma, que está más allá de la imagen que tienes de ti mismo. Es tu verdadero ser. Tu verdadero ser es amor.

El principal secreto para atraer un gran amor o un alma gemela a tu vida es amarte y aceptarte tal como eres. Amarte, con todos tus defectos e inseguridades, te convierte en un poderoso imán. Asumiendo profundamente la aceptación de ti mismo, te darás cuenta de que es mucho más fácil para todos los demás sentirse en paz cuando están contigo. Cuando te sientes bien con todas tus particularidades, es fácil abrir la puerta a la intimidad con cualquier otra persona.

Deepak Chopra

Yo mismo llevo diciendo esto desde hace veinte años, pero tengo que admitir que nunca tan elegantemente como lo dice Deepak. “El ego es una alucinación socialmente inducida”. Estas son palabras hermosas. Yo describiría este ego como una película con la que estamos muy ocupados todo el tiempo produciéndola, protagonizándola y observándola. Surge de nuestro condicionamiento cuando crecemos y, por eso, me encantan sus palabras: “alucinación socialmente inducida”.

      “El amor es nuestro ser, ser es existir, así que el amor es existir”. Lo que significa que esta flor es amor, esta vela es amor, esta silla es amor, ¡incluso yo soy amor! ¡Todos somos amor! Todo es amor. Además, añadiría que la definición habitual de amor que se escucha en las canciones pop y en las películas románticas, es una enfermedad crónica que casi todo el mundo sufre. Huye de esta clase de “yo te amo”, porque es dualidad.

Todo el mundo tiene algún problema con las relaciones y el problema se vuelve más complejo cuanto más íntima es una relación. Llevo más de veinte años dando consejos sobre las relaciones y el amor, pero ahora me doy cuenta de que no hay consejo que valga, porque las relaciones están dirigidas por un condicionamiento muy, muy poderoso.

          Esto empieza a suceder de niños, con nuestros padres, antes incluso de conocer la palabra relación y, durante años, vamos creciendo en el aura de este  vínculo entre ellos. Día a día, sin necesidad de que nadie hable de ello, nos vemos condicionados por esta relación amorosa.

       Cuando hay un cumpleaños, papá compra regalos para mamá, tal vez algunas flores, y le dice “te quiero”; y así, todo el tiempo. De esta manera, los niños crecen condicionados con la idea de que el amor viene del otro. Diría que a muy pocas personas se les ocurre  la idea de que el amor es, de hecho, nuestra propia existencia.

El amor es algo que alguien me da, y cuando me lo da me siento bien. Cuando se lo da a alguien más, no me siento nada bien. Así que todos buscan la pareja perfecta que les dé amor. Incluso si los padres no tienen una relación demasiado buena, los niños querrán crear algo parecido, pero mejor.

          A medida que crecemos, esta claro que las hormonas actúan como un imán muy fuerte. Si estás a este nivel, ningún consejo va a servir de ayuda y, como he observado, no depende de la edad que tengas. Así que este es un tema muy complicado para casi todo el mundo, ya que probablemente lo más difícil de manejar en la vida diaria son las relaciones con otras personas.

         Cuando no estás en pareja, solo tienes que lidiar con tus propios asuntos; pero si empiezas a tener un contacto más estrecho con otro ser humano, la cosa se complica. Esto puede suceder a cualquier nivel, desde un conocido o un colega de trabajo hasta algo más intenso e íntimo como vivir en pareja.

Las relaciones íntimas entre dos personas conllevan a menudo mucho sufrimiento porque dichas relaciones suelen servir al ego de cada integrante de la pareja en vez de ser una conexión compartida, abierta y energética.

          Casi siempre, por supuesto, la relación comienza llena de esperanza. Hemos tenido otras relaciones y pensamos que hemos aprendido la lección y que, ahora, va a ser diferente. Es un nuevo comienzo, con una nueva pareja y es muy emocionante, muy maravilloso y todo eso.

         Pero, poco a poco, después de algunos meses, tal vez después de uno o dos años, uno empieza a darse cuenta de que las cosas no son ya tan fáciles. Normalmente, esto pasa porque cada persona está apegada a su historia particular. Cuando vives solo, te enfrentas a una sola historia, la tuya; y si eres una persona espiritual, intentas  aclararte con ella. Tan pronto como entras en una relación íntima con otro ser humano, también tienes que lidiar con la suya.

         Así que ahora hay dos historias y, si esta conexión íntima continúa, también tendremos la tercera, que es la “nuestra”. Normalmente hay todo tipo de estructuras condicionadas y repetitivas operando dentro de estas tres historias. Incluso puede ser que os hayáis elegido mutuamente porque reflejáis ciertas estructuras del otro, incluso aunque no seáis conscientes de ello.

A menudo, después de algunos meses o de algunos años, el peso de estas historias- la tuya, la mía y la nuestra-  empieza a pasar factura y cada vez se dedica más tiempo a resolver malentendidos, diferentes opiniones, creencias y deseos. Entonces, la relación se rompe y las personas pueden separarse y probar nuevos enamoramientos, o pueden perseverar buscando asesoramiento para tratar todas las cuestiones que surgen entre ellos.

          Si se está comenzando un viaje espiritual y no se ha tenido experiencia en relaciones amorosas, puede ser muy bueno quedar atrapado en algún tipo de historia complicada. En este tipo de situaciones, se puede aprender mucho sobre uno mismo, porque una de las ventajas de las relaciones de pareja es que terminan siendo un espejo para el otro. Asumiendo que tengáis una fuerte conexión, ¡estoy seguro de que tu pareja estará muy contenta de contarte todas las cosas que ha observado de ti!

        De esta manera, las relaciones pueden ser muy útiles porque pueden ayudarte a conocerte a ti mismo. Si no tenemos mucha experiencia en vivir íntimamente con otra persona, entonces tampoco hemos vivido íntimamente con nosotros mismos. Lo que podemos ver al tomar distancia de la relación y llegar profundamente a nuestro Ser es que, en realidad, todos somos uno. En realidad, no hay dos; no hay ningún “tú y yo” . Todos somos Uno.

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