
Amor es
Oh! ¡Maestro de la montaña magnífica! Yo era antes como un sucio cerdo consumiendo con ansia los excrementos de los órganos sensoriales. Llegué con una mente inquieta para escudriñar insolentemente tu autenticidad, pero en el momento en que tus ojos se posaron en mí, me quedé inmóvil como tú, pues aniquilaste gentilmente mi malévola facultad de afirmación- fabricación que aseveraba arrogantemente “yo” y me sumergiste en mi propio estado interno intrínseco de Ser Absoluto, que en verdad es solo Tú.
Beso el polvo de tus sagrados pies todos los días, pues al ahogarme de una vez para siempre en el insondable océano de exaltación que es en verdad Tú, has devorado mi mente traicionera para siempre.
