Meditación

Meditación

“Las técnicas de meditación diligentemente practicadas purifican la mente porque traen consciencia a los patrones viciados de pensamiento y sentimiento. Los pensamientos dañinos no pueden sobrevivir a la luz penetrante de la consciencia. Nada purifica tanto como la experiencia del Ser, que provoca una inundación de curación, limpieza y energía espiritual en las mentes conscientes e inconscientes.”

La práctica de la meditación es la herramienta del estado de vigilia que nos conecta con el Ser, con la felicidad genuina, no la meta. De hecho, solo sentarse pensando en nada en particular, esperando un autobús o conduciendo a casa después del trabajo, puede causar trascendencia, la experiencia de que el cuerpo y la mente son simplemente objetos, como la escena que pasa.
          Contrariamente a la opinión popular, la trascendencia no tiene por qué ser experimentada como una gran experiencia “fuera del cuerpo”. De hecho, aunque nadie parece notarlo, ya estamos siempre más allá de nuestros cuerpos y mentes. La práctica de la meditación debería despojarnos de la identificación con el cuerpo y la mente, permitiéndonos apreciar la separación natural entre el Ser y sus vehículos.
          Aparte de su objetivo, la meditación se practica por sus beneficios físicos y psicológicos: aumento de la energía, sensaciones y reacciones intensificadas, fortalecimiento de la inmunidad, mejoría de la inteligencia, de la creatividad, de la eficiencia, del poder, del placer, de la discriminación, de la ecuanimidad, del sentido de propósito, de la paz mental, del altruismo, de la compasión, amplificación de la conciencia y otros.
          Las Escrituras son valiosas porque el lenguaje es impersonal y basado en los hechos. Por ejemplo, los siguientes versos de un texto del siglo VIII escrito en primera persona por Shankaracharya, presenta al Ser como puro Conocimiento:

“Negando los condicionamientos con el conocimiento de “Yo no soy esto”, reconoces tu identidad como el Ser, como se indica en las Escrituras. Los tres cuerpos son objetos percibidos y tan perecederos como las burbujas. Reconoce, a través de la discriminación pura, que “yo no soy ellos”. Porque yo soy otro que no es el cuerpo, yo no sufro sus cambios. Yo no he nacido ni moriré. No tengo órganos de los sentidos, así que no estoy involucrado en el mundo. Porque soy otra cosa que la mente, estoy libre de tristeza, apego, malicia y miedo. Las Escrituras dicen que soy puro, sin pensamientos ni deseos y, por tanto, Yo soy. No tengo atributos. Vivo sin respirar. Soy eterno, sin forma y siempre libre. Soy el mismo en todo, lleno todas las cosas con el Ser. Soy pura Consciencia infinita, no dual “.

Nada purifica tanto como la experiencia del Ser, que provoca una inundación de curación, limpiando la energía espiritual en las mentes conscientes e inconscientes. Aunque la mayoría de las revelaciones desaparecen en cuestión de horas o días, producen poderosos vasanas espirituales que pueden inspirar la práctica y mantener la mente enfocada en la meta.
        Las técnicas de meditación diligentemente practicadas purifican la mente porque traen consciencia a los patrones impuros de pensamientos y sentimientos. Los pensamientos enfermizos no pueden sobrevivir a la luz penetrante de la consciencia. La trascendencia no contradice la purificación. Cuando el meditador trasciende la mente y comienza a ver desde el plano del Ser, la necesidad de “mantener” la consciencia se disuelve, ya que el Ser es consciencia sin esfuerzo.
            El conocimiento de los patrones y complejos de la mente es más preciso desde el punto de vista del Ser que el conocimiento derivado de un testigo creado por una parte de la mente. En segundo lugar, la trascendencia rompe el apego a la mente, lo que hace más fácil trabajar con ella. Finalmente, la trascendencia, acompañada por la indagación, puede producir el conocimiento del Ser, el purificador definitivo.
          De hecho, el meditador que ha realizado el Ser entiende la inutilidad de tratar de limpiar, arreglar o comprender algo que, en última instancia, no es real. Para el iluminado la mente nunca es un problema, tenga o no pensamientos perturbadores.
        ¿Qué es una mente sana y cualificada? Una mente abierta, dispuesta a verse a sí misma de manera diferente. Debido a la naturaleza sutil de la meditación y a la dificultad para evaluar objetivamente la experiencia, el meditador debe buscar la ayuda de las Escrituras y el consejo de las almas realizadas. La mente que imagina que está cualificada para interpretar su propia experiencia, espiritual o de otro tipo, únicamente sobre la base de sus creencias y opiniones, no está preparada para asumir la visión impersonal propuesta por la ciencia espiritual y, por lo tanto,  no está capacitada para la meditación.
          Aunque la visión impersonal no es la realización del Ser, es una etapa necesaria porque purifica los efectos de no- aprensión del Ser, es decir, las concepciones limitadas y las emociones perturbadoras que estas producen. Finalmente, incluso la idea “Yo soy la consciencia ilimitada” se disuelve en la experiencia del conocimiento permanente de uno mismo como el Ser. La mente que espera que una grandiosa experiencia de iluminación suprima su ignorancia y que, por lo tanto, se niega a examinar sus creencias y opiniones, no está capacitada para la iluminación.
          La meditación es un medio para la realización del Ser. Sin embargo, de manera realista, la realización es, en el mejor de los casos, un objetivo lejano, solo alcanzable para unos pocos. Además, las autoridades insisten en que la realización del Ser solo surge cuando la mente está relativamente libre de neurosis.
         Dado que la liberación del sufrimiento es la meta de todos, la meditación también es psicológicamente valiosa porque actúa como un puente entre la mente consciente e inconsciente y arroja luz a las causas del sufrimiento. Cuando se reconocen las causas, estas se disuelven y el sufrimiento cesa.

     La iluminación puede ocurrir antes de que los samskaras estén completamente agotados.

 

                                                                           James Swartz    

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